• 10 claves para empezar a superar la timidez

    QUÉ PODEMOS HACER PARA EMPEZAR A SUPERAR LA TIMIDEZ Y LA VERGÜENZA

    timidez

    La timidez es el sentimiento de inseguridad, miedo o ansiedad que las personas sufren ante determinadas situaciones sociales; ser tímido supone vivir bastantes situaciones cotidianas con incomodidad y nerviosismo.

    La timidez puede ser muy superficial o complicarse y limitar la calidad de vida de las personas que la sufren. Cuando esa incomodidad se transforma en miedo y empuja a la persona a evitar ciertas situaciones, hablamos de un problema serio que requiere algún tipo de intervención.

     

     

    ¿Por qué somos tímidos?

    Muchas veces se dice que la timidez se hereda de tus padres. No es que se trate meramente de herencia genética, sino del típico aprendizaje por modelado. Si los padres son tímidos y muestran dificultades en los contactos sociales, el niño va a carecer  de un modelo social óptimo y necesario para sentirse cómodo y seguro en presencia de personas que no sean su círculo más cercano

    En algunos casos más extremos, si los padres tienen pocos contactos sociales o incluso los evitan, los niños pueden asumir como normal la ausencia de relaciones sociales.

    El principal problema de base de la timidez es la inseguridad en uno mismo. Esto se proyecta en el exterior, lo que desencadena el miedo a ser juzgado, rechazado o humillado. Todo esto dificulta las relaciones sociales, provocando angustia y ansiedad.

     

    Pero la desconfianza en el otro también puede hundir sus raíces en experiencias sufridas durante la infancia y la adolescencia. Si algún adulto significativo de nuestro entorno (padres, abuelos, profesores…) respondió de manera persistente a nuestros intentos de comunicación con antipatía, rechazo o humillación, podría haber abierto una herida emocional que es está en la base de nuestra timidez.

    Las experiencias tenidas con iguales durante la infancia tardía y la adolescencia también pueden marcarnos profundamente. Y así van surgiendo situaciones que para cada uno se convierten en potentes evocadores de esas primeras experiencias negativas.

     

     

    Qué siente una persona tímida

    Cuando una persona tímida tiene que ir, por ejemplo, a una reunión social, va a comenzar a hacer una serie de predicciones negativas de sí mismo y de la situación: “No voy a saber de qué hablar”, “seguro que me quedo tan callado como siempre”, “¿y si alguien se dirige a mi y me pregunta algo?”, ¿y si se me nota la vergüenza, y si me pongo rojo, y si tartamudeo?”. Estas rumias siguen presentes durante la reunión, convirtiendo una situación que debió ser agradable en un pequeño infierno.

     

    Y es que el problema de una persona tímida es la percepción que tiene de sí misma como persona tímida. El hipercontrol de sus reacciones en búsqueda de signos de timidez y la rumia sobre las consecuencias que  de ella pueden derivar. Todo esto provoca una fuerte ansiedad. Una de las primeras pautas para superar la timidez es liberar nuestro foco atencional, sacarlo de nosotros y de las reacciones de los demás, y centrarlo en alguna otra cosa que esté sucediendo en ese momento.

     

    Por lo general, las personas tímidas, lo son de una manera generalizada, pero todo el mundo tiene puntos fuertes y puntos débiles. Por ejemplo, hay personas que podrían mostrar una fuerte ansiedad a la hora de hablar ante un montón de gente, pero en el cara a cara con una persona se desenvuelven con total normalidad.

     

     

    Las emociones en la timidez:

    Por un lado tenemos la ansiedad, ansiedad que viene dada por las predicciones negativas que hacemos de lo que puede pasar. Uno de los desencadenantes de la ansiedad es la valoración personal de nuestros propios recursos para afrontar cada situación; al existir esa inseguridad de base, las valoraciones que hagamos siempre serán negativas y provocarán ansiedad.

    El otro factor desencadenante de ansiedad es el significado que otorgamos a la situación. No reaccionaremos igual si la percibimos como positiva o retadora, que si la percibimos como negativa o amenazante. Muchos conferenciantes sienten nerviosismo antes de hablar, pero el significado que dan a ese nerviosismo es positivo, es motivador; no lo perciben como algo a lo que temer.

     

    Pero la emoción que más peso tiene en este tipo de problema es la vergüenza, definida como el sentimiento de incomodidad producido por el temor a hacer el ridículo ante alguien. Cuando la vergüenza se vuelve tóxica, está muy en relación con la crítica interna destructiva

     

     

    Introversión vs timidez

    No hay que confundir timidez con introversión, porque son cosas bien distintas. La introversión es una característica de la personalidad, algo que es inherente a la persona y que determina su forma de ser. La timidez, sin embargo, es un problema social.

    Las personas introvertidas disfrutan en actividades solitarias; se trata de una elección de una preferencia, pero no temen las situaciones sociales como los tímidos y, no sufren por ello.

    Las personas tímidas, sin embargo, desean mayor contacto social, pero su miedo al rechazo o la humillación les provocan una ansiedad que les empuja a evitar el tan deseado contacto. La consecuencia es frustración y sufrimiento.

     

     

    CONSEJOS PARA SUPERAR LA TIMIDEZ:

    1. Conócete a ti mismo: La base de todo es conocerse. A partir de ahí, podremos empezar a actuar. Conocer los desencadenantes de nuestra ansiedad y nuestra vergüenza nos ayudará a prepararnos para las situaciones específicas que más tememos. Pregúntate en qué situaciones te sientes más inseguro, con desconocidos, o con determinadas personas identificadas. Cuales son los temas que más te cuesta tratar. Cuando tienes que hablar en público o en el cara a cara con alguien…
    2. Acepta tus propios defectos: acepta que eres tímido en determinadas circunstancias, que es un problema emocional y que, como tal, tiene solución. Del mismo modo que las personas con un descontrol de la ira o con fobia a volar tienen un problema con la gestión de ciertas emociones, tú tienes un problema con la gestión de una emoción determinada: la vergüenza.
    3. Acepta tus emociones: acepta la vergüenza, ha venido a recordarte que todavía tienes cosas que aprender a la hora de relacionarte. No la temas, reconócela, acéptala y aprende con ella. Cuando sientas vergüenza, ponle nombre y define para ti mismo tus sensaciones internas. Aunque parezca extraño, identificar una emoción es el primer escalón de la Inteligencia Emocional, y un fuerte antídoto para contrarrestar su fuerza. No trates de ocultar tus emociones o de intentar evitarlas, eso sólo empeorará la situación, créeme.
    4. Aprende habilidades sociales: como decíamos antes, puede que la vergüenza venga a ti para indicarte que no posees suficientes recursos para afrontar determinadas situaciones sociales. Por ello es importante adquirir ciertas habilidades como la escucha activa,  la comunicación no verbal o la asertividad.
    5. No te fuerces demasiado: todo pequeño paso es una victoria, no trates de correr demasiado. Te recomiendo que empieces con situaciones que te provoquen muy poca ansiedad, para ir poco a poco subiendo de nivel.
    6. Si tienes recuerdos traumáticos o heridas emocionales, pide ayuda a un profesional para que te ayude a sanarlo. De lo contrario el proceso, aunque no sea imposible, será mucho más duro y doloroso.
    7. Modifica tus pensamientos: este paso es realmente complicado, pero se puede conseguir. Identifica qué pensamientos limitantes tienes y trata de actuar sobre ellos.
    8. Habitúate a estar con más gente: empieza por gente de confianza y ve aumentando el círculo poco a poco. Deja de evitar situaciones que antes temías a medida que vayas ganando confianza y seguridad.
    9. No te angusties por lo que piensen los demás: si tu bienestar depende de ser aceptado por los demás, lo normal es que acabes sintiendo angustia en cualquier situación social, pues todas ellas se convertirán en una especie de examen.
    10. Quiérete: por favor, quiérete mucho.

     


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