• Educación emocional: actividades para desarrollar la empatía

    ACTIVIDADES PARA DESARROLLAR LA EMPATÍA EN LOS NIÑOS

    empatía en niños

    “Cuando Hope, una niña de 9 meses, vio caer a otro niño, las lágrimas afloraron a sus ojos y se refugió en el regazo de su madre como si ella misma se hubiera caído” Las raíces de la empatía aparecen en la más temprana infancia. (Goleman, 1996).

    La seguridad del apego, el ejemplo de comportamientos prosociales de los padres y el estilo educativo respetuoso son predictores de una buena empatía en años posteriores.

     

    Un error muy común es creer que la empatía es simplemente la capacidad de identificar lo que otro siente. Pero saber interpretar las claves comunicativas no verbales no es suficiente. Una persona podría detectar que estás pasando vergüenza y cebarse en ello; eso no es empatía. Empatía es dejar de lado tu propio punto de vista y ponerte en la piel del otro; de sentir con el otro y desear ayudarle.

    La conciencia de uno mismo es la base sobre la que se sustenta la empatía. Es lógico, cuanto más abierta esté una persona a aceptar sus propios sentimientos, más preparada estará para aceptar los de los demás.

     

    ESTIMULACIÓN TEMPRANA DE LA EMPATÍA

    La clave está en lo que Daniel Stern llamó sintonización afectiva. La vida emocional empieza a desarrollarse muy temprano, en los intercambios que se dan entre el bebé y sus padres; sobretodo en los que el bebé constata que sus emociones son captadas y comprendidas. La sincronización emocional es como un baile en el que la emoción del bebé encuentra reflejo y reciprocidad.

    No consiste en imitar a al bebé, sino en reproducir sus sensaciones internas. Por ejemplo, un niño que agita rápidamente un sonajero, puede sentirse feliz o angustiado; en el primer caso sonreiremos, sincronizando nuestra mutua alegría; en el segundo caso, le ayudaremos a calmarse, ajustando la expresión de nuestro rostro y nuestra voz.

     

    Pero, aunque los primeros momentos son importantes, la empatía se desarrolla a lo largo de toda la infancia y adolescencia.

     

    En este post voy a exponer una actividad diseñada para el desarrollo de la empatía en grupo y, a continuación, iré explicando las peculiaridades de su aplicación a distintas edades:

    JUEGO DE ROLES “ME PONGO EN TU LUGAR”:

    Hacemos tarjetas con distintos personajes (mamá, papá, profesor, médico, vendedor, niños de otras edades…) y las repartimos; explicamos que vamos a jugar a ser otras personas; tienen que mirar el personaje que les ha tocado y actuar como ese personaje lo haría, no como lo harían ellos. Tienen que hablar como él, moverse como él y hacer las cosas que él haría. Y sobretodo, pensar y sentir como él.

    Jugamos durante unos minutos a ser ese personaje, para que se familiaricen con el nuevo rol. Que se muevan por la sala y actúen con total libertad.

    Luego vamos a proponer una serie de escenas o situaciones típicas. Grupos de niños representarán esas escenas, interpretando a sus personajes. El lenguaje y la dramatización deben ir adaptados a la edad y debe vivirse siempre como un juego.

    El papel del educador, dando pautas y señalando emociones y comportamientos, es esencial. Las preguntas clave son:

    • ¿Qué creéis que siente este personaje?
    • ¿Por qué creéis que se siente así?
    • ¿Cómo podemos ayudarle?
    • Si te hubiera pasado a ti, ¿qué sentirías?

     

     

    Educación infantil. Niños de 3-6 años

    A los 3 años, la empatía es más física, imitativa; pero aunque sea aún muy rudimentaria, muchos muestran interés por ayudar a quien se siente mal. A lo largo de esta etapa comienzan a ser más reflexivos sobre los estados emocionales y comprender que su comportamiento puede influir en las demás personas.

     

    JUEGO DE ROLES: recomiendo su utilización a partir de los 5 años (aunque con los más podemos jugar a ser otras personas, no llegaríamos a hacer una representación tan elaborada como la descrita).

    Debe ser sencillo y breve. Las escenas deben ser programadas por nosotros y podemos participar en ellas. Por ejemplo, podemos pedir que representen una escena en la que un niño tenga una rabieta en el supermercado con su mamá o papá, otros compradores y el tendero; o una en la que un niño tiene miedo del médico.

    El clima debe ser lúdico. Da igual que no lo hagan perfecto. Lo importante es que se diviertan jugando, que participen y que sean conscientes de algunas emociones.

     

    Con los más pequeños podemos trabajar bien la identificación de las emociones en los otros. Podemos explicar cómo afecta su comportamiento sobre los demás y dar ejemplos de cómo ayudar a otras personas.

    Para aprender a identificar las emociones, podemos llevar a  cabo actividades como los GESTOS. Utilizamos las conocidas tarjetas de emociones. Pedimos a los niños que saquen una tarjeta al azar (con su correspondiente carita) y que traten de representar esa emoción con gestos, para que los demás la adivinen. En estos grupos de edad, trabajamos con emociones básicas. Esta actividad es válida a todas las edades. Los CUENTOS son muy útiles.

     

     

    Educación primaria. Niños de 6-11 años

    A estas edades aprenden que los estados emocionales pueden tener distintas intensidades y duraciones. Al final de esta etapa, ya comprenden perfectamente lo que son las emociones. A partir de los 9 años surge la empatía abstracta, por lo que sería adecuado involucrarles en alguna obra altruista, para aumentar su conciencia social.

    Recomiendo la utilización de cuentos, películas, así como el juego de los GESTOS.

     

    JUEGO DE ROLES: podemos empezar a incluir emociones secundarias como celos, orgullo, vergüenza, tranquilidad o culpa. Además, las situaciones deben ir aumentando su complejidad con la edad. Obviamente, no podemos pedir lo mismo a un niño de 6 que a uno de 11. Esto ya lo sabemos.

    El papel del educador es esencial. Debe ir invitando a la reflexión durante las representaciones (no después). Vamos señalando emociones y comportamientos. De vez en cuando ponemos la representación en “pausa” para preguntar al resto del grupo qué creen que siente un personaje o cómo podrían ayudarle en ese momento.

    A partir de los 7 años sería recomendable incluir escenas de acoso escolar o rechazo entre iguales; el bullying es un problema muy grave, que cada vez aparece a edades más tempranas. También sería adecuado representar escenas de discusiones en casa, peleas entre hermanos y claro, alguna escena en la que aparezcan emociones positivas.

     

     

    Educación secundaria: Actividades para mayores de 12 años

    A partir de los 12 años, la empatía alcanza su total desarrollo, aunque con la edad se irá puliendo y mejorando.

    Los materiales audiovisuales funcionan muy bien en secundaria. Podemos utilizar escenas de películas y preguntar: qué siente el protagonista, por qué creen que se siente así, qué sentirías tú en su lugar y cómo podrías ayudarle si estuvieras ahí.

     

    JUEGO DE ROLES: puede convertirse en una representación teatral en la que desplegar toda su creatividad. Es importantísimo crear un clima adecuado para este tipo de actividades, o surgirán resistencias. Eso depende del ambiente entre compañeros, así como de la habilidad del educador para “caldear”, hacer algo antes que les haga reír y les predisponga positivamente.

    El educador debe intervenir menos que en primaria. Si en alguna de las representaciones surgen problemas, es una oportunidad genial para que el grupo pueda poner en marcha su empatía, así como ciertas habilidades sociales.

    Las escenas deben ser habituales en sus vidas, lo mejor es que las elijan ellos mismos. Aconsejo incluir el tema del acoso escolar; y debemos incidir en la importancia de comprender el dolor del niño acosado y fomentar que quienes lo observen, actúen.

    Además, después de cada actividad se puede abrir un coloquio en el que se saquen conclusiones sobre lo aprendido, señalando la importancia de saber reconocer las emociones, de sentir con el otro y de mostrar ayuda y buena voluntad. Es una buena oportunidad para enseñarles a escuchar activamente y a aceptar opiniones contrarias a las suyas.

     

     


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