• Nuestros hermanos son nuestros compañeros de vida

    Analizando la relación entre hermanos a lo largo de la vida

    relación entre hermanos

    Tu hermano (o hermana) es la persona que caminó junto a ti a lo largo de la infancia y adolescencia; que aprendía a vivir, a sentir y a querer mientras aprendías tú también. Un hermano es, al fin y al cabo, el único amigo  que la naturaleza te impone y también el que más tiempo lleva ahí. ¿Cómo no va a ser relevante, entonces, la relación entre hermanos?

     

     

    A la hora de analizar las relaciones familiares, solemos centrarnos en los vínculos de padres e hijos; pero puede haber otras figuras relevantes, como los hermanos. La relación entre hermanos puede ser casi igual de trascendente para comprender quienes somos hoy, que el vínculo con nuestros padres.

     

     

    A grandes rasgos, la relación entre hermanos puede ser fuente de seguridad mutua y de afecto bidireccional. Suele ser la primera relación de igual a igual que se tiene en esta vida, a través de la cual nos entrenamos para relacionarnos con otras personas en igualdad de condiciones.

    Para llegar a tener una buena relación entre hermanos, tuvimos que aprender a gestionar ciertas emociones contradictorias; a la vez que encontramos afecto, cercanía y complicidad, tuvimos que aprender a sobrellevar los celos y las rivalidades clásicas, las bromas y los “chinches”.

     

    Por desgracia, algunas personas no consiguen gestionar adecuadamente la relación con sus hermanos y acaban generando sentimientos bastante tóxicos, como la envidia o el odio, que pueden llegar a marcar el desarrollo de su personalidad y de su forma de relacionarse de una manera realmente negativa.

     

    Los hermanos, generalmente, favorecen el desarrollo de habilidades sociales en el trato con los iguales, lo cual puede ser el trampolín perfecto para hacer futuras amistades o aprender a resolver conflictos entre amigos y compañeros. Y es que esas peleas que tuvimos de pequeños fueron nuestro campo de entrenamiento para solucionar los conflictos de la vida. Con ellos aprendimos a compartir, a negociar, a ceder o a defender lo que creíamos justo. Tú hermano ha visto todas tus modalidades emocionales y ha aprendido a gestionarlas junto a ti.

     

    Pero creo que lo más valioso que nos ofrece un hermano es el valor de la amistad incondicional. Yo recuerdo haber tenido en mi hermano a un compinche incomparable, un compañero de juegos y aventuras que hizo de mi infancia un lugar alegre y divertido. Pero la amistad entre hermanos puede aparecer en cualquier momento de la vida, siempre y cuando no haya heridas profundas y activas que impidan ese vínculo.

     

     

    HERMANOS Y PERSONALIDAD

    Cada hermano suele tener una personalidad diferente a la de los demás. Cuando un niño llega a una familia, llega con su propio temperamento de base,  pero también con una mochila cargada de expectativas, ilusiones, sueños y temores de sus padres y otros familiares cercanos.

     

    Los primogénitos suelen recibir todas estas expectativas en cascada. Son los primeros en llegar con unos padres que van a dedicar todos sus esfuerzos para que ese niño sea lo más parecido posible a su ideal de perfección, felicidad o lo que sea que deseen. Por esta razón, los hermanos mayores suelen sentirse más responsables de no defraudar las expectativas de los padres. El segundo suele recibir la carga algo aligerada, a no ser que el primero no haya conseguido ser lo que esperaban que fuera. También puede suceder que cada uno de los hermanos conecte con las expectativas de uno de sus familiares. Un asunto interesante es el de la elección de nombres; nombres que suelen ir cargados de connotaciones y recuerdos cuando son de algún antepasado o de alguno de los padres. En definitiva, las posibilidades son múltiples, por lo que no se puede generalizar.

    Se dice que los hermanos mayores suelen ser más responsables, pero ese depende mucho de la crianza que hayan recibido y de la relación que establezcan con los siguientes hermanos y no tanto del orden de nacimiento.

     

    Otra cuestión a tener en cuenta es el reparto de papeles. Cada hermano necesita encontrar un lugar que le sea propio, que le haga único y diferente. El hecho de que un hermano destaque en algo, puede llevar al resto a rechazar esa característica. “Si mi hermano ya es “el listo”, ¿yo qué puedo ser…?”

     

    Hay tres actitudes de los padres respecto a la relación entre hermanos, que juegan un papel determinante en el desarrollo de la identidad:

    • Si alguien fue comparado con sus hermanos, aunque fuera en positivo (“eres el más bueno de todos” “el que más se esfuerza”) aprendió que su valor dependía de ser mejor que los demás. Creció marcado por la competitividad, con un ojo puesto siempre en el otro, determinado a cumplir ese papel en la vida, pues de ello dependía su valor en este mundo.
    • Si los padres encasillan a sus hijos en torno a su conflicto (el débil frente al problemático), los hermanos se encasillarán en su papel correspondiente, repitiendo esa situación de víctima-abusador tanto entre ellos como con otros iguales, quizás por el resto de su vida. La relación entre hermanos será fuente de dolor emocional, y no de crecimiento y amor.
    • Y, por supuesto, mostrar más amor hacia uno de los hijos puede provocar profundas heridas emocionales en el resto, que crecerán con un vacío muy difícil de llenar.

     

     

    HERMANOS Y TRAUMA

    Previamente hemos hablado de lo que sucede en familias más o menos sanas, en las que existe el amor y la protección. Otra historia sucede cuando lo que reciben son herencias traumáticas, maltrato y negligencia.

     

    Se ha demostrado que las relaciones afectuosas con los hermanos pueden amortiguar las consecuencias emocionales del acoso escolar, pues suponen una fuente de apoyo el propio entorno hostil, la escuela (Bowes, 2010)

     

    Cuando el entorno hostil es el propio hogar, la influencia de la relación entre hermanos puede alcanzar niveles sorprendentes. Los hermanos pueden ser una alternativa para compensar las funciones parentales fallidas y ser un auténtico foco de resiliencia.

    Un hermano puede cubrir las necesidades afectivas, de cuidado y de apoyo cuando los padres fallan en ese proceso, pueden ser auténticas figuras de apego con las otros hermanos se identifiquen (Stein et.al, 2000). Del mismo modo que interiorizamos características de los padres, podemos interiorizar las de nuestros hermanos. Del mismo modo que nuestros padres actúan como un espejo en el cual nos miramos y aprendemos quienes somos, los hermanos también pueden funcionar como espejo y marcar en mayor o menor medida, el desarrollo de nuestra personalidad.

     

    Si las cosas van mal en casa, un hermano puede ser el mejor apoyo. Los hermanos más resilientes son aquellos que se atreven a hablar de lo que les sucede y validan sus sentimientos sin tratar de reprimirlos. Pasados los años, los hermanos se ayudan a recordar aspectos olvidados o nunca dichos que dan un significado a lo sucedido, para integrar un relato coherente sobre aquella infancia común; un relato en el que se posicionan como protagonistas, supervivientes colaboradores de su propia historia y no víctimas indefensas supeditadas al devenir de los acontecimientos.

     

    Pero ojo, que tener hermanos no tiene porqué ser siempre positivo, no siempre surge la resiliencia. Cuando los hijos se sienten abandonados o rechazados por sus padres, pueden desarrollar sentimientos hostiles. Pero odiar a los padres es demasiado costoso, por lo se que ponen en marcha mecanismos de defensa y desplazan su hostilidad hacia un hermano. En estos casos, podemos llegar a encontrarnos situaciones de maltrato físico o psicológico entre hermanos.

    Si no encuentran la manera de resolverlo, pueden quedar fijados en un trauma fraternal. Las huellas de resentimiento y dolor perdurarán a la largo de su vida en una atormentada rivalidad entre ellos, pero también con sus iguales. Estos conflictos pueden quedar anclados en una constante dificultad para las relaciones sociales e incluso de pareja, en la que pueden revivir una y otra vez ese dolor infantil.

     


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