Las crisis de pareja: del enamoramiento al amor (o al desamor)

LAS CRISIS DE PAREJA:

 6 SITUACIONES QUE PUEDEN DERIVAR EN PROBLEMAS DE PAREJA

 

crisis de pareja

Una relación de pareja nace de un complejo proceso, comúnmente denominado enamoramiento. Como ya vimos en el artículo sobre la elección de pareja, durante la fase de enamoramiento inicial, intervienen multitud de factores conscientes e inconscientes que pueden derivar en una pareja satisfactoria, o en una pareja conflictiva. En este artículo hablaremos de las principales causas de las crisis de pareja, en parejas sanas y no tan sanas.

 

Antes de hablar de crisis de pareja, debemos comprender que todos tenemos nuestra forma personal de vincularnos y de establecer relaciones, que se desarrolla a partir del tipo de apego que tuvimos durante la infancia con nuestro padre o con nuestra madre. Aunque las bases se sientan durante la infancia temprana, el apego no es una característica estática y cerrada, sino un sistema dentro de nosotros, que se activa en determinadas situaciones y es susceptible de ser modificado por las personas significativas que pasan por nuestra vida y, literalmente, nos dejan huella.

El amor en la pareja va a activar nuestro sistema de apego, va a activar nuestra red de creencias sobre lo que podemos esperar de las personas y de las relaciones, nuestra forma de ser y estar en una relación, de sentir y expresar las emociones, de cuidar y dejarnos cuidar (Holmes, 2011). Al enamorarnos de alguien, trataremos de reproducir nuestro modelo ideal de relación, pues es lo que hemos aprendido, y lo haremos en función de nuestras necesidades, deseos y, en muchos casos, de nuestras carencias.

 

Por ello, durante el enamoramiento nos volvemos temporalmente “ciegos” a los defectos del otro, le idealizamos y tendemos a exagerar (o incluso inventar) aquellas cualidades que coinciden con nuestro modelo ideal de relación. Durante el enamoramiento, unos más, otros menos, viajamos al mundo de nuestros sueños y fantasías; es, aunque parezca extraño, un proceso bastante egocéntrico.

Pero el amor va mucho más allá de nuestros propios deseosrequiere de aspectos más profundos, como la entrega, la aceptación, la intimidad emocional y el compromiso. Cuando la pasión de los primeros momentos se apacigua y entra en juego este tipo de amor más profundo, los miembros de la pareja comienzan a conocerse y a conectar de una manera también más profunda. La pareja está constituida por dos personas, con historias y necesidades distintas, con su propio estilo emocional y afectivo, con su modelo ideal de relación y, si no se alcanza cierto nivel de comprensión y complementación, pueden comenzar las primeras crisis de pareja.

 

Las crisis de pareja pueden surgir por varios motivos que trataremos de clasificar a continuación:

 

 

  • Error en la elección de la pareja: hay relaciones que parecen llevar fecha de caducidad desde su inicio: proyectos de vida radicalmente distintos, incompatibilidades insalvables, apegos incompatibles o grandes desequilibrios de poder. Cuando cae el telón de la fantasía inicial y lo que hay detrás no coincide en nada con las expectativas de relación que uno tiene, pueden pasar tres cosas: que la pareja se desintegre, que la pareja se adapte y complemente, o que comiencen las exigencias de cambio de uno a otro miembro. En este último caso, las discusiones llegan pronto y la satisfacción de la pareja se pierde rápido.

 

 

  • Crisis del ciclo vital: aunque la pareja se forjó sobre unas buenas bases y ha funcionado estupendamente durante un tiempo,los cambios en la vida (nacimiento de los hijos, síndrome del nido vacío, crisis profesionales, jubilación…) pueden provocar estrés, desigualdades o conflictos. Si la pareja no encuentra estrategias para reubicarse, afrontar esos cambios y recuperar el equilibrio en la nueva situación vital, pueden entrar en crisis

 

 

  • Relaciones vacías: una relación saludable debe encontrar el equilibrio en sus tres componentes principales: sexo, intimidad y compromiso. Cada pareja elabora su propia “fórmula secreta” mezclando estos componentes. El problema llega cuando la fórmula no satisface a uno o a ninguno de los miembros de la pareja, o cuando carece de alguno de los componentes. La principal causa de las crisis de pareja suele darse por problemas de intimidad, entendiendo esta como confianza, cercanía emocional y comunicación.

 

 

  • Problemas en la complementariedad: cuando ambos miembros de la pareja se complementan con características diferentes, cada uno aporta algo a la relación, sus características, por distintas que sean, suman y cada miembro se ve enriquecido por el otro. El problema viene cuando esas características son radicalmente incompatibles, extremistas y es imposible llegar a acuerdos.

 

 

  • Carencias emocionales o personales: cuando cada uno arrastra déficits o carencias profundas que, en vez de sumar, restan. En un extremo, podemos encontrar parejas-parásito, que nada pueden hacer por sí mismas y necesitan de otro para sobrevivir. Especial mención merecen las carencias emocionales; cuando una persona carece de empatía, puede mostrar indiferencia emocional; cuando carece de autoestima y seguridad, pueden surgir la desconfianza y los celos patológicos; cuando no sabe gestionar sus emociones, en fuertes reacciones de ira u hostilidad…En definitiva, la resolución de los problemas de la pareja será especialmente difícil en estos casos.

 

 

  • Distribución desigual de poder: esto sucede en las relaciones de dominancia y sumisión. Estas relaciones son muy patológicas, pues uno de los miembros tiene control sobre el otro y en casos graves pueden producirse situaciones de dependencia o incluso maltrato.

 

Para buscar soluciones a una crisis de pareja, primero hay que saber de dónde viene. Por ejemplo, en parejas que tienen un fallo en la propia elección, habría que revisar los mecanismos psicológicos que les ha llevado a enamorarse el uno del otro, pero en casos de crisis del ciclo vital, habría que buscar alternativas para recuperar el equilibrio en el cambio. Siempre es adecuado trabajar las emociones, el respeto mutuo, la comprensión y la comunicación, así como buscar el restablecimiento de los vínculos.

Si la crisis de pareja es muy grave o persistente, sería adecuado buscar ayuda profesional.

 


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Bibliografía:

Garrido, M. y Espina, A. (2007). Terapia familiar. aportaciones psicoanalíticas y transgeneracionales. Ed. Fundamentos

Villegas, M. y Mallor, P. (2002). Consideraciones sobre la terapia de pareja: A propósito de un caso. Revista de Psicoterapia 21 (81); 37-106

mayo 31, 2015

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