• Personas tóxicas: cómo detectarlas y evitarlas

    ¿CONOCES A ALGUNA PERSONA TÓXICA?

    APRENDE A DETECTAR A LAS PERSONAS TÓXICAS Y A PONER LÍMITES

    personas tóxicas

    Hay gente que trae consigo malos rollos y problemas; todo parece molestarles, te coartan y te agotan emocionalmente. El primer mecanismo para detectar a una persona tóxica es tu intuición. Pregúntate ¿me siento a gusto con esta persona, o hay algo que falla? Escucha a tus emociones, te pueden ayudar a detectar si estás siendo intoxicado por alguien.

     

    En este artículo vamos a esquematizar los 6 tipos de personas tóxicas más habituales. Pero lo normal es encontrar personas que en algún momento se comportan de alguna de estas formas, pero que no son así. La clave está en distinguir algo puntual de una forma de ser persistente. Otra manifestación habitual es encontrar personas que cumplen criterios varios de estos prototipos de personalidad:

     

    El pesimista o “dramas”:

    El típico “dramas” que siempre tiene un problema.  Y ese problema le afecta terriblemente, se pone siempre en lo peor y rara vez le escuchas hablar de soluciones. Cuando no hay problemas presentes, recuerda algo que le pasó hace tiempo y lo revive o empieza a buscar posibles catástrofes futuras.

    Han hecho de la queja un hábito, y siempre parecen tristes o enfadados. Su negatividad es contagiosa y te envuelven en su atmósfera emocional deprimente; hablar con ellos agota tu energía positiva, es desgastante y desmotivador.

    Estas personas no suelen ser malintencionadas, pero razonar con ellos sobre sus problemas se vuelve imposible, así que no malgastes tus energías. Si tienes confianza puedes proponer abiertamente limitar la conversación sobre sus problemas a unos minutos. De verdad, corta su discurso negativo antes de que te utilicen de “cubo de basura” emocional. Si no funciona, aléjate.

     

    El manipulador o “maquiavélico”

    Este tipo de personaje es el más difícil de detectar, al menos hasta que lo conoces a fondo. A priori se muestra agradable, complaciente y encantador. Parece comprender perfectamente cómo te sientes y se va a ganar tu confianza con facilidad; los manipuladores pueden ser carismáticos y socialmente hábiles. Pero un día te despiertas, y te das cuenta de que te han estado manejando a su antojo. Te das cuenta de que has hecho cosas que iban en contra de tus valores y deseos.

    Su superficie es bonita, pero en su fondo son maquiavélicos y cínicos; son los reyes del engaño. En cuanto comienza el conflicto, desearás haberte mantenido lejos de este tipo de personas. Un manipulador da respuestas ambiguas que no le comprometen, tergiversa la realidad y suele darle la vuelta a la tortilla para que la culpa recaiga sobre ti.

    Anda con pies de plomo por mucha confianza que te den; te cuidado con lo que les cuentas y trata de mantener una distancia considerable. No entres demasiado en su círculo de amistades, pues suele estar bastante contaminado por ellos. Mantente alejado.

     

    El egocéntrico o egoísta

    Yo, yo y, dspués yo. Todo lo que te pasa a ti, a él le pasa más. Si consigues un ascenso, el trabajo que él encontró es mil veces mejor; que te ha dejado tu pareja, la discusión que ha tenido él, ha sido peor. Y así constantemente.

    Es incapaz de descentralizar el discurso de sí mismo, por lo que acaba resultando insoportable. La sensación de egoísmo que desprenden es tremenda. Demanda toda tu atención; si tiene problemas, deberás acudir en su ayuda, pero si la necesitas tú, te dejará tirado; exige que se le escuche, pero no presta atención cuando tú hablas. Estas personas te hacen sentir muy solo, decepcionado e incomprendido.

    Evita alimentar su ego recordándole lo que vale, o te convertirás en una herramienta para él. Pon límites y expresa tu necesidad de ser escuchado y atendido. Si persiste en su egocentrismo, quizás sea hora de cambiar de amigo.

     

    El autoritario o “mandón”

    Estas personas siempre intentan que las cosas se hagan exactamente como ellos quieren. Para ello, ejercen un control rígido, inflexible e incluso inducen miedo con amenazas. No respetan la autonomía de los demás y van a intentar imponer sus propios criterios.

    Suelen ser bastante perfeccionistas y trabajadores. La exigencia hacia sí mismo se vuelca en los demás. Pueden tener buen fondo, pero les cuesta expresar sus sentimientos y puede detectarse cierta falta de empatía que se confunde con crueldad. Los padres autoritarios son tóxicos para sus hijos. Si, además, son manipuladores, maquiavélicos y crueles, mi consejo es que te alejes.

    No intentes jamás competir con ellos, culparlos o ponerte por encima. Lo mejor que puedes hacer es mantenerte a un nivel de igualdad, firme en tus criterios, sin entrar en luchas de poder.

     

    El envidioso o “criticón”

    El envidioso es aquel que desea lo que los demás tienen, pero le molesta y  trata de boicotearlo; la envidia le corroe literalmente. Son sencillos de detectar, pues suelen pasarse el día criticando a los demás; cuando les cuentas un éxito, te queda un regusto amargo. Sus palabras suelen ser tóxicas y negativas.

    No dejes que te contaminen sobre otros y, mucho menos, no permitas que amarguen tus mejores momentos. Estas personas no han aprendido a apreciarse por lo que valen, razón por la cual, su vara de medir es la comparación con el otro. En el fondo, son personas infelices, con graves carencias.

    Poco podemos hacer con ellos, más que evitar contarles lo bien que nos va. No elijas amigos envidiosos que no se alegren de tu felicidad.

     

    La víctima o “el mundo está en mi contra”

    Es el que cree que cuando le va bien es debido a sus méritos, y cuando le va mal, es culpa de otros. Siempre que algo malo les sucede, son víctima (del jefe, de la pareja, del karma…da igual mientras que puedan echar balones fuera). También son sencillos de detectar; suelen ser de los pesimistas que siempre se están quejando, pero nunca les verás reconocer un error. Lo que si oirás serán mil excusas.

    Como la responsabilidad de sus errores nunca es suya, estas personas no aprenden y acaban siendo víctimas de su propia personalidad. Suelen provocar sentimientos de culpabilidad en los otros. Vivir al lado de una “víctima” puede acabar provocando depresiones.

    Se consciente de que no eres responsable de la felicidad de otros. No tienes la culpa de sus decisiones, insatisfacciones ni carencias. No dejes que proyecten culpas sobre ti, o estarás perdido.

     

     


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