• ¡Qué mala es la envidia!

    La envidia es el dolor que causa la prosperidad de los otros. 

    (Aristóteles)

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    La envidia es una emoción más de nuestro repertorio. Para algunos es una sensación poco habitual, pero hay personas que viven con la envidia a cuestas.  Y es que con la envidia debemos tener cuidado, pues es una de las emociones que más puede contaminar a una persona y a sus relaciones. 

     

    Antes que nada, recordemos que todas las emociones cumplen una función en nuestra vida. Si la envidia aparece en algún momento, no trates de reprimirla ni te culpes; recuerda que las emociones forman parte de nuestra inteligencia,  una inteligencia basada en la intuición (Goleman, 1996; Greenberg, 2000). Así que escucha lo que quiere decirte y sigue tu camino. Pero síguelo lo más rápido que puedas; no dejes que la envidia envenene tu vida.

     

     

    QUÉ ES LA ENVIDIA

    ¿Existe la envidia sana? Admirar a alguien o convertirlo en un ejemplo a seguir para alcanzar nuestros objetivos no es malo; tener buenos ejemplos o referentes en la vida, nos ayuda a crecer. La envidia es la cara tóxica de esa admiración, pues no empuja al crecimiento personal, sino a la destrucción del otro. No obstante, si alguna vez has sentido envidia no te asustes; en un nivel muy moderado, nos indica qué es lo que queremos en nuestra vida y podemos aprovecharla para ponernos a trabajar en ello.

    Se trata de una emoción compleja, derivada de la combinación de otros sentimientos que incrementan su toxicidad. Asociada a la angustia, la rabia y la frustración, así como a la avaricia y al odio, se puede convertir en uno de los sentimientos más destructivos para las relaciones humanas que existen.

    Sentir envidia significa sentir malestar ante la felicidad ajena; algo se remueve por dentro del envidioso cuando ve que los demás consiguen sus logros, aunque eso no afecte en nada a su propia vida. Y es que el envidioso no desea lo que tiene la otra persona; no, lo que quiere es que lo pierda. La clave para detectar la envidia es que empuja a las personas a desear la desgracia ajena, no al crecimiento personal;”mejor nos hundimos los dos, antes de que tú seas feliz”.

     

    La envidia, en última instancia, no puede producir más que amargura, frustración y soledad emocional

    Hay personas que sienten envidia de vez en cuando. Hay otras que llevan la envidia de serie, como una parte más de su personalidad; como una predisposición a ser y estar en las relaciones, en la que el envidioso no para nunca de compararse ni de querer todo lo que ve. Imagina qué agonía.

    Si tienes algún envidioso cerca, no te enfades, compadécete. Los envidiosos sufren mucho. Viven en una eterna comparación, sintiéndose siempre inferiores, carentes de algo e insatisfechos. Son incapaces de alegrarse cuando sus seres queridos consiguen éxitos, pero se regocijan cuando les ven sufrir; esto hace muy difícil que puedan tener relaciones auténticas y saludables (Stamateas, 2012). En última instancia, la envidia no lleva más que a la soledad y el sufrimiento.

     

     

    LAS RAÍCES DE LA ENVIDIA

    Como con tantos otros aspectos de nuestra personalidad, la semilla de la envidia se siembra durante la infancia.

    Cuando unos padres se pasan el día comparando a sus hijos entre si, o con otros niños, les están convirtiendo en envidiosos crónicos. Incluso cuando se hacen comparaciones positivas como “dibujas mucho mejor que tu hermano” o “eres el niño más listo de la clase”, el mensaje que transmites es que su valor depende de ser mejor que el otro; y lo que es peor, que si el otro prospera, él perderá su valor. De esta manera se fomenta la competitividad y el perfeccionismo, así como autoestimas frágiles. Así que, por favor, evitemos las comparaciones a toda costa.

    Las relaciones entre hermanos son muy importantes para el desarrollo psicosocial, pues en ellas se aprende a relacionarse de igual a igual. Cuando los padres toman partido siempre por uno de sus hijos en las peleas y conflictos, hacen que el otro sienta envidia y resentimiento. Ese niño crecerá sintiéndose carente, rechazado. Y lo que es peor, se sentirá carente en la medida en que el otro logre reconocimiento. Por tanto, intenta no tomar partido en la medida de lo posible.

    Por último, el ejemplo es esencial. Si los padres dan signos de envidia, si están constantemente hablando de lo que tienen los demás y comparándose con otros, los niños aprenderán a hacer lo mismo.

     

     

    CÓMO GESTIONAR LA ENVIDIA

    • Es más sano admirar que envidiar. Si alguien tiene éxito, aprende de él. La envidia provoca rabia, mientras que la admiración motiva y predispone a la acción ¿Qué prefieres?

     

    • No compitas con nadie, sino contigo mismo. Está bien ser ambicioso y querer superarse a uno mismo, pero no a los demás. Que tu amigo haya conseguido un buen puesto de trabajo, no afecta al que tú tienes; si te sientes mal, quizás es porque tu trabajo no te gusta; en lugar de desear que tu amigo pierda lo que ha conseguido, escucha a tu envidia y haz algo por mejorar tu situación.

     

    • No te compares con nadie, ni permitas que nadie te compare con otros. Las comparaciones son odiosas, aunque salgas ganando. Al compararnos no aprendemos a valorarnos como seres únicos e independientes, sino que siempre necesitaremos a otro para reconocer nuestra propia valía. Es triste.

     

    • Libérate de la crítica: al criticar lo que otros tienen, inviertes una gran cantidad de energía en el otro, en vez de enfocarla en ti mismo. Es más, mira qué es lo que tanto criticas, y quizás aprendas algo sobre ti mismo.

     


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