• Trastornos del apego: los primeros momentos importan

    LA RELACIÓN ENTRE EL TIPO DE VÍNCULO MADRE-BEBÉ Y LA PERSONALIDAD DEL NIÑO EN AÑOS POSTERIORES

     apego

     

    El apego es el vínculo afectivo que se establece entre el recién nacido y la persona más cercana a él, que le proporciona cuidados, afecto y seguridad (a continuación hablaremos de la madre para simplificar, pero podría perfectamente ser el padre o cualquier otro cuidador). Es la primera relación que se tiene en esta vida, a partir de la cual, cada niño sentará las bases más primarias para querer y dejarse querer, para sentir y expresar sus emociones positivas y negativas y, en definitiva, para el desarrollo de su personalidad (Luthar et al., 2000; Cyrulnik, 2001; Barudy y Dantagnan, 2005; Henley, 2010; Yates, 2013).

     

    El apego es lo que da al niño un sentido de seguridad, autoestima y confianza en sí mismo y en el mundo. Se ha demostrado que una relación sólida y saludable con la madre, constituye un modelo para las relaciones personales en la vida posterior, mientras que un apego pobre o “inseguro”, parece estar asociado a problemas emocionales.

    El apego tiene un periodo crítico para su desarrollo entre los 6 y los 8 meses de vida; la calidad de la relación con el bebé en esos momentos es crucial para su desarrollo emocional; si hemos ido sembrando el camino de cuidados y cariño desde el primer día de vida, con casi total probabilidad en bebé desarrollará un apego seguro y sano.

     

    ¿De qué está hecho el apego? De emociones, de cuidados sensibles, de necesidades cubiertas, de seguridad, de consuelo y de constancia. Son las inflexiones de voz, el tono, las miradas y las expresiones del rostro. Aunque no sepas exactamente que necesita tu hijo, puedes reconocer sus emociones (rabia, miedo, tristeza…) y responder en consonancia.

     

     

    TIPOS DE APEGO:

     

    Apego seguro:

    • La mamá responde a las llamadas del bebé, mostrándose en general disponible cuando la necesita, pero sin sobreproteger. Le consuela y le va ayudando a desarrollar sus propias estrategias de regulación emocional. Anima a su bebé a explorar el entorno y se convierte en una base de seguridad: el bebé juega sin miedo, porque sabe que si pasa algo, mamá va a estar ahí.

     

    • Los bebés con apego seguro muestran un patrón saludable en la forma de relacionarse con su madre. Si su mamá abandona la habitación y le deja solo, puede disgustarse, pero cuando vuelve se calma con facilidad. Busca a su madre con alegría, sin ansiedad.

     

    • Cuando estos niños van creciendo, al tener problemas van a ser capaces de pedir ayuda alguna persona importante para ellos; han aprendido a confiar en el otro y a sentirse dignos de confianza y amistad.

     

    • No se deberían apreciar mayores problemas durante la adolescencia, si se mantiene esa relación de seguridad y apoyo parental.

     

     

    Apego inseguro-evitativo:

    • La madre muestra insensibilidad, rechazo, angustia e incluso hostilidad hacia las necesidades del bebé. Cuando éste llora, no es consolado; puede pasar largos periodos de tiempo llorando sin ser atendido o es atendido con tanta tensión que el bebé se angustia más.

     

    • Estos bebés se muestran bastante independientes mientras juegan, se centran en sus actividades ignorando a su madre; les da igual que esté o no. Han ido aprendiendo que no pueden contar con su apoyo; han recibido tanto rechazo durante su corta vida, que su mecanismo de defensa es adoptar esa postura de indiferencia y desconectar su mundo emocional. A costa de reprimir sus necesidades afectivas, mantienen cerca a su mamá.

     

    • Estos niños cuando crezcan y se enfrenten a problemas, no sentirán la necesidad de pedir ayuda a nadie, pues no confían en los demás. Tienen una gran sensación de autonomía, pero es falsa, por lo que no conseguirán resolver muchos de sus problemas y acabarán también negándolos. Son niños que saben cómo agradar a los demás, que no se alteran y no dan problemas. Suelen tener buen rendimiento académico.

     

    • Es de esperar que, al llegar a la adolescencia, lo reprimido acabe saliendo; pueden desarrollar comportamientos antisociales. En su estilo negador, idealizan a sus padres e integran el rechazo como algo normal. Si no se repara, crecerán sin conectar con sus emociones, restringiendo la expresión emocional, incapaces de mantener relaciones afectivas completas.

     

     

    Apego inseguro-ambivalente:

    • La madre actúa de forma contradictoria e impredecible; va a estar disponible cuando le apetece, no cuando el bebé lo necesita. Puede pasar de la frialdad más absoluta a las conductas de sobreprotección más intrusivas y pegajosas; en ocasiones, se muestran agresivas y atemorizantes, o atemorizadas de las reacciones emocionales de los bebés.

     

    • Estos bebés no saben qué pueden esperar de su madre, por lo que sufren ansiedad. No juegan ni exploran su entorno, están demasiado preocupados por tener a su madre cerca. Si la madre se va, tienen fuertes explosiones emocionales y cuando vuelve, no consiguen calmarse.

     

    • Son niños que reclaman mucha atención. Aprenden desde muy temprano una estrategia de relación disfuncional: las llamadas de atención (rabietas, reproches) y los comportamientos inmaduros e impropios de su edad para recibir afecto y cuidados. Cuando tengan problemas, podrán pedir ayuda, pero su sentimiento de inseguridad es tan grande que la ayuda del otro nunca va a ser suficiente

     

    • En la adolescencia, ese sentimiento de inseguridad hará que mantengan relaciones fusionales; utilizarán chantajes afectivos y conductas manipuladoras para mantener al otro cerca y son muy propensos a caer en pandillas poco saludables.

     

    Apego desorganizado:

     

    • Son niños que han sufrido malos tratos severos, abuso sexual, o negligencia. Son casos muy complejos. Los bebés con apego inseguro evitativo y ambivalente, al fin y al cabo, acaban organizando una forma de vincularse; estos niños han vivido experiencias tan caóticas y dolorosas que ni siquiera pueden organizar una forma de vincularse.

     

    • Estos niños viven en una sensación crónica de terror, por lo que no aprenden a regularse, su bagaje emocional y recursos socializadores son caóticos. Suelen manifestar comportamientos agresivos, violentos y muy desorganizados.

     

    Aunque el primer año de vida es fundamental, el apego es un proceso continuo. Siempre hay un espacio para reparar y mejorar, incluso de adolescentes. La clave está en hacer sentir al bebé que es querido y que está seguro;  a medida que crezca, esa relación irá cambiando, pero si tienen a su alrededor personas receptivas a sus necesidades, crecerán como niños felices, hasta convertirse en un adulto feliz y saludable.

     


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