• Esclavos del amor: síntomas de dependencia emocional

    CARACTERÍSTICAS DE LAS PERSONAS CON DEPENDENCIA EMOCIONAL

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    Estar en pareja de una manera saludable, supone la capacidad de enamorarse y sostener una relación afectiva, íntima y continuada con otra persona, sin llegar a fusionarse. El problema de las personas con dependencia emocional es que sus identidades son tan frágiles, que sus límites se funden con los del otro, llegando a necesitarlo como una prolongación de su propio ser, no como un compañero o compañera de vida.

     

     

    ¿Por qué surge la dependencia emocional?

    La mayoría de las veces, las personas con dependencia llevan arrastrando heridas emocionales de abandono y de rechazo desde la infancia. Fueron niños que crecieron con una sensación de soledad en su interior tan grande, que ahora nadie consigue llenar. La dependencia emocional no es sólo resultado de una baja autoestima; el problema es que el dependiente tiene tal vacío en su interior que es como un agujero negro que todo lo engulle, pues nadie puede darle el amor que no se tiene a si mismo (o misma).

    El amor es un sentimiento muy potente, para el que estamos preparados desde que venimos a este mundo. Aprendemos lo que es el amor en la relación temprana de apego, y lo vamos moldeando a lo largo de toda la infancia y adolescencia. El amor en la pareja va a activar nuestras creencias sobre lo que podemos esperar de las personas y de las relaciones, nuestra propia forma de ser y estar en una relación, de cuidar y dejarnos cuidar (Holmes, 2011). Al enamorarnos, vamos a reproducir ese modelo de relación interno. Una persona dependiente suele ir a las relaciones de pareja con un modelo disfuncional y rígido, por necesidad más que por amor.

     

     

    Síntomas de dependencia emocional

    • Baja autoestima: la autoestima es el sentimiento que tenemos hacia nosotros mismos. Del mismo modo que cuando quieres a alguien, le proteges y valoras, cuando te quieres a ti mismo, también. Si no te quieres, no te valoras, no puedes afrontar tus problemas y no soportarás pasar tiempo contigo mismo. La persona con dependencia no se quiere, por lo que va a buscar a alguien que pueda quererle, creyendo que así mejorarán las cosas. Pero no se dan cuenta de que el amor de otro, aunque es maravilloso, no puede sustituir el amor propio; y lo que es peor, no podrán dar lo que no tienen.

     

    • Prioridad de la pareja sobre todo lo demás: la persona dependiente pone a su pareja con encima de todo lo demás. A todos lados le sigue, es como su sombra. Es la exaltación del “por ti lo dejo todo”. Va dejando atrás aficiones, familia y amigos; incluso puede llegar a abandonar sus estudios o trabajo, si se interponen en su relación.

     

    • Reclama un sacrificio a su pareja: por lo anterior, va a vivir como una traición que la pareja lleve una vida normal, quede con amigos o familiares y no le dedique todo su tiempo y recursos. Es lógico, teniendo en cuenta el terrible (e innecesario) sacrificio hacia su propia vida personal que la persona ha llevado a cabo; “¡con todo lo que yo te he dado!”. Un sacrificio que no puede ser correspondido, salvo en una relación fusional bastante patológica.

     

    • Voracidad afectiva: no tiene más estrategia contra el dolor emocional que volcar su angustia en el otro. Cuando recibe atención, siente paz, se calma, pero es una sensación poco duradera. Sucede como con la adicción a una sustancia, cada vez necesita más, hasta llegar a devorar emocionalmente a sus parejas, que se sentirán exhaustas y agotadas.

     

    • Pánico al abandono: la persona con dependencia va a aferrarse a la pareja en un intento de llenar su mundo interior roto. Perder al otro resulta aterrador, pues le enfrentaría a su propio vacío interior. Van a hiperactivar un sistema de apego dañado, que nunca pudo desarrollarse con normalidad; eso les lleva a reaccionar ante una ruptura (real o imaginada) con el terror de un niño de perder a sus padres. Además, el contacto con la pareja, al ser como una droga, puede suponer todo un síndrome de abstinencia ante la retirada; aparecen ideas obsesivas, ansiedad y fuerte sintomatología depresiva. Todo este padecimiento descomunal desaparece por una simple llamada; por fin hubo contacto, recibió su dosis.

     

    • Idealización del compañero: el amor siempre pone en marcha el mundo de la fantasía. Muchas veces, la persona con dependencia, no se va a enamorar de la persona real, sino de la imagen que se ha formado de esa persona. En cuanto una persona cumple uno de sus requisitos, ya vuelca todos. El otro se convierte en alguien sobrevalorado, admirado. Pero claro, cuando comienza a conocerle mejor, ya no es la persona de la que se enamoró; “es alguien que viene a hacerme daño otra vez”, y comienzan a surgir las clásicas alternancias de amor y odio.

     

    • Sumisión y esclavización: la persona dependiente se coloca por debajo en una organización jerárquica rígida. Aquí tengo que hacer un pequeño apunte sobre relaciones tóxicas, y es que la persona que acepta a una pareja sumisa a la que controlar, también trae lo suyo. Ambos comparten un conflicto básico no resuelto con el control, que se traduce en los papeles diferentes que adopta cada integrante (Garrido y Espina). La persona sumisa sufre todo tipo de abusos y humillaciones, intenta satisfacer en todo a su pareja. El otro encuentra satisfacción controlando y, en los casos más extremos, machacando a su pareja. No hablaremos aquí de maltrato, un asunto más complejo que todo esto, en el que el maltratador o maltratadora es una persona enferma, que va a contaminar a su pareja, a menoscabar su autoestima, a aislarla y manipularla, para que se posicione en ese lugar inferior.

     

    • Miedo a la soledad: la persona dependiente no soporta estar a solas consigo misma. La soledad provoca angustia e incomodidad, les recuerda la idea de que nadie les quiere. Por ello van a estar buscando planes y llamando a cualquier persona para no estar solos, empezando por la pareja. Por otro lado, van a sentir mucho miedo a estar sin pareja. Podemos encontrar personas que llevan toda su vida en la misma relación (probablemente en un insano equilibrio de sumisión y control); pero lo más común es encontrarnos con un encadenamiento de relaciones infructuosas; no sueltan a una pareja hasta tener a otra bien asegurada, o se aferran a la primera persona que aparece tras una ruptura; a veces no encuentran a una persona que quiera quedarse a su lado y comienzan una espiral de relaciones pasajeras y de promiscuidad, como intento de llenar ese vacío.

     

     

    Un amor basado en necesidades y carencias no va a llenar los agujeros de tu alma. Estar con alguien sólo por dejar de estar solo no va a ser nunca suficiente. Debemos volver la vista hacia nuestro interior. El primer factor que determina una relación de pareja sana, no es otro que nuestra propia autoestima y nuestro autoconocimiento personal.

     

     


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    Bibliografía:

    Castelló Blasco, J. (2012). Cómo superar la dependencia emocional. Ed. Corona Boreales

    Garrido, M. y Espina, A. (2007). Terapia familiar. aportaciones psicoanalíticas y transgeneracionales. Ed. Fundamentos

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