• Cómo educar a los hijos: 10 consejos sobre educación positiva

    DECÁLOGO DE LA BUENA EDUCACIÓN

    educar a los hijos

    Educar a los hijos es una tarea difícil, y es que los niños no nacen con un manual debajo del brazo. La educación de un hijo comienza desde los primeros meses de vida. Una de las claves de los niños se desarrollen emocionalmente sanos es incluir en nuestro día a día una buena educación emocional. Cuando un niño se porta mal o sobrepasa algún límite, es tan importante hacérselo saber, como la forma en que se lo hacemos saber.

     

    Antes de empezar, hay algo que debemos comprender: los niños necesitan disciplina, límites y normas, pero los castigos no son tan efectivos para este fin como se nos ha hecho creer. Dañar física o verbalmente, gritar, insultar, humillar o atemorizar a nuestros hijos nunca debe ser la opción a elegir para su educación. Esas pautas educativas son muy perjudiciales para el desarrollo socioafectivo de los niños

     

    Os ofrezco aquí una serie de herramientas alternativas al castigo para educar a los hijos. Son pautas generales, adaptables a vuestra forma de educar, así como a las necesidades de cada niño o adolescente:

     

    1. Comunícate con tu hijo: Pregunta y escucha. Habla con él cuando está contento y cuando está triste. Aunque se haya portado mal, pregunta, ¿qué te ha pasado? ¿Cuál fue la razón para hacer eso? ¿Cómo crees que puedes solucionarlo? ¿Qué puedes hacer ahora? Deja que explore sus razones y soluciones, sin hacer suposiciones, acusaciones o imponer castigos. Es mucho más eficaz decir “quiero que pienses cómo podemos arreglar esto” (enseñamos a aprender de los errores) a decir “quiero que pienses en lo que has hecho” (enseñamos a sentir culpa).

     

    2. Gestiona tus emociones: Aunque estés enfadado/a, no dejes que tu reacción sea dominada por la ira. Expresa cómo te sientes y hazlo saber con calma; “estoy muy enfadada/o por lo que has hecho”, “no me gusta nada lo que ha sucedido”… Los gritos no educan, educan las palabras ¿Cómo va a calmarse un niño si su madre o padre está alterado? Recuerda que una buena forma de educar en emociones es con el ejemplo que damos.

     

    3. Ayúdale a expresar y gestionar sus propias emociones: expresar lo que pensamos y sentimos no es cosa fácil, incluso para los adultos. Reconoce sus emociones positivas y negativas, enséñale a poner nombre a sus sentimientos y a identificarlos. La emoción siempre debe ser aceptada; la expresión de la misma, gestionada. Incluso cuando han sentido enfado o tristeza, una buena oportunidad para que aprendan a reconocer las emociones de los demás, para que desarrollen su empatía.

     

    4. No les pegues. El castigo físico sólo enseña a los niños que la violencia es un modo adecuado de resolver los problemas. El castigo impide que los niños interioricen las normas morales, que realmente las hagan suyas; lo único que aprenderán es a someterse pasivamente a las normas, a convertirse en víctimas o a obedecer sólo cuando son vigilados.

     

    5. Evita las luchas de poder. Entrar en discusiones sobre lo que tiene que hacer sólo lleva al desgaste de ambas partes, hijos y padres, e incluso al enfado, las rabietas y la agresividad. Tú eres quien pone los límites y las normas en casa; con esto no quiero decir que deban ser impuestas desde el “porque yo lo digo”, sino desde el razonamiento. Así pues, elige unos pocos límites (los razonables para la convivencia) y sé firme en ellos; los demás podrán ser negociables; pero desde el respeto, no desde una lucha de poder. Recuerda, no se trata de ganar o perder, se trata de educar.

     

    5. Céntrate en lo positivo, no en lo negativo: presta atención a lo que hace bien y hazle saber que estás orgulloso/a. Si sólo prestas atención a lo que hace mal y le castigas por ello, acabará aprendiendo que esa es la forma de llamar tu atención y podrían acabar cayendo en la profecía autocumplida (“si todos dicen que soy malo, actuaré como tal”). Sin embargo, reconocer a los niños lo que hacen bien refuerza su autoestima y estabiliza la adquisición de los comportamientos positivos.

     

    6. En lugar de castigar, enseña consecuencias: que pongamos más atención en lo positivo no significa que los malos comportamientos sean ignorados.  Pero hoy se sabe que los castigos no son eficaces para un buen desarrollo moral. En lugar de castigos, debe haber consecuencias lógicas, asociadas al daño hecho y, sobretodo, a la reparación del mismo. El mejor argumento que puedo darte es que te pares a pensar que en la vida no hay castigos, hay consecuencias.

     

    7. Se coherente, lógico/a y firme: no des normas contradictorias entre sí, o demasiadas órdenes a la vez, pues el niño podría bloquearse; y, además, nadie puede pasarse el día obedeciendo. Cuando pones un castigo improvisado y desproporcionado, tu hijo va a sentir resentimiento y frustración, pero no aprenderá. Las consecuencias de nuestros actos deben ser lógicas, razonables, esperables. Si dañas a alguien le pides perdón, si rompes algo, buscamos la forma de arreglarlo. De este modo no cuesta ser firme, pues es lo natural.

     

    8. Fomenta su autonomía: la sobreprotección trae consecuencias fatales para el desarrollo; los niños deben aprender a valerse por si mismos, con el apoyo y el cariño de sus padres. Querer, cuidar y proteger no es sobreproteger. Distingue una cosa de la otra.

     

    9. Usa cuentos y juegos para comunicarte con él. Los niños aprenden muchas cosas jugando y los cuentos sobre valores y buenos hábitos son un excelente modo de educar. Recuerda que el aprendizaje es mejor, si se asocia a experiencias positivas.

     

    10. Transmite en todo momento que confías en ellos, que les quieres. Una de las experiencias más terribles para un niño es creer que han perdido el amor de sus  padres. Aun cuando te enfades, hazles saber que les sigues queriendo (“te quiero, pero esa conducta es inaceptable”).

     

    Que existan límites no significa que los niños no merezcan nuestro respeto, cariño y amor incondicional. Muchas veces nos centramos en los malos comportamientos, ignorando sin querer los buenos. Ningún niño necesita “un bofetón a tiempo”, sino un “te quiero” “te apoyo”, “te ayudo a aprender”.

    Recuerda la regla de oro: trata a los demás como te gustaría que te tratasen a ti

     


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